Paris en invierno

París en invierno, o la odisea de un turista pasado por agua

Testimonio de Emilio Vargas, joven abogado madrileño que descubrió que el romanticismo parisino se lleva mejor con paraguas.

Día 1: Nieblas y charcos

Llegué a París con la ilusión de una postal y me encontré con una metáfora del invierno: lluvia incesante y vientos que me recordaron que no soy tan resistente como creía. El Sena, en lugar de un idílico reflejo de luces, parecía el escenario perfecto para una novela de misterio. Me paré en el Pont des Arts, pero lo único que me susurraron las piedras fue que mi bufanda estaba a punto de salir volando.

Día 2: De cafés y supervivencia

Refugiado en un café de la Rue de Rivoli, descubrí que el “café noir” es el código para “vas a estar despierto hasta la próxima vida”. Observé a los parisinos, elegantes y serenos bajo la lluvia, mientras yo luchaba con mi abrigo empapado y la certeza de que mis zapatos ya eran un charco portátil.

Día 3: El arte de perderse (literalmente)

París en invierno es como una obra de arte… y tú eres el lienzo en el que te estamparon sin preguntar. Las calles están cubiertas por una capa de niebla que hace que todo se vea como una pintura en tonos grises y sepia. El aire es tan frío que te hace sentir como si estuvieras atrapado dentro de un cuadro, sin salida. Paseé por Saint-Germain-des-Prés, el barrio donde perderse es no sólo inevitable, sino también obligatorio. Aquí, no solo te pierdes entre las calles, sino también entre el café y la literatura, como si fuera una experiencia trascendental. Entré en una librería antigua, porque, claro, en París siempre hay librerías antiguas. Es un poco como un pasatiempo nacional: perderse en las calles, perderse en los libros, y si tienes suerte, perderte en el tiempo.

Fue entonces cuando encontré el libro. Estaba en una estantería polvorienta, tan polvorienta que casi te sientes como un arqueólogo por el simple hecho de tocarlo. Lo abrí y ahí, en la primera página, había una nota en lápiz que juraría haber escrito yo. «Nos encontraremos donde el tiempo no existe.» ¿Coincidencia? ¿Destino? ¿O simplemente un libro que alguien dejó olvidado en el rincón más filosófico de la librería? No lo sé, pero la ciudad tiene una manera curiosa de hacerte sentir que, en algún punto, todos esos momentos de duda y caos, de perderte entre las calles o las palabras, son parte de algo más grande. París, una ciudad tan poética… O tal vez solo era el frío metiéndose demasiado en mi cabeza.

Día 4: La magia de lo inesperado

En el Jardín de Luxemburgo, entre estatuas mojadas y sillas abandonadas, la vi. Una mujer con abrigo gris que me miraba como si me conociera. Di un paso, ella desapareció entre la niebla. ¿Destino, coincidencia o simplemente otra persona escapando de la lluvia? Nunca lo supe, pero la idea de un amor fugaz en París era demasiado buena como para no anotarla en mi diario.

Día 5: Sol y baguettes, un nuevo comienzo                                                               

Hoy el sol decidió aparecer, como si París me estuviera pidiendo disculpas por el diluvio de los días anteriores. ¡Qué gran día para ser turista! No es que los parisinos no lo sean, pero parece que saben cómo hacer que todo parezca tan fácil y glamoroso, incluso con un baguette bajo el brazo. Yo, por fin, con mi paraguas guardado y una sonrisa, decidí seguir el sendero de las bicicletas que recorrían las aceras. El Sena, ahora reflejando cielos azules y nubes blancas, parecía más un cuadro que una corriente fluvial.

Al llegar a Montmartre, me sentí como si de repente fuera parte de un elegante desfile de moda, donde los transeúntes no solo caminaban con estilo, sino que todo parecía ser un decorado de película. Me senté en una terraza con un café y, por primera vez en mi vida, sentí que mis zapatos mojados ya no importaban. Al contrario, ahora me sentía como un sofisticado sobreviviente de las inclemencias del tiempo, alguien que había conquistado la lluvia y ahora disfrutaba del sol parisino.

Día 6: El arte de saborear el día

Mi último día en París fue una celebración de la vida, la comida y todo lo que se puede saborear con los sentidos. Comencé con un desayuno digno de una revista de viajes: croissant, café con leche y un paisaje de calles adoquinadas, perfectamente ordenadas, como si fueran hechas para una película de Wes Anderson. Cada bocado del croissant parecía una revelación; esa mezcla perfecta de mantequilla y hojaldre me hizo sentir como si estuviera disfrutando de un trozo de cielo.

Decidí hacer algo que había estado postergando: un paseo por Le Marais. Las boutiques chic, las pequeñas galerías de arte, y los cafés con aroma a pan recién horneado me dieron la sensación de estar dentro de una pintura moderna, donde las líneas se desdibujan y las fronteras entre la realidad y el arte se vuelven confusas. Mientras caminaba, me encontré con una pequeña librería que, curiosamente, también vendía vinilos. Naturalmente, pasé una hora rebuscando entre discos, sintiendo que acababa de descubrir el rincón más cool de París.

En la tarde, con el sol aún brillando, me dirigí a un pequeño restaurante. Los camareros me saludaron con la misma elegancia que cualquier parisino en la película más glamurosa, y me senté a disfrutar de una sopa francesa que, a pesar de ser algo tan sencillo, me pareció la mejor comida de mi vida. El pan crujiente, el queso derretido y la mezcla de sabores, perfecta, casi como todo París.

🥐🎨🗼🖼️🍞🥖

¡Llegamos al fin de la crónica! Como leímos, viajar a París en invierno es perderse en la niebla y reencontrarse en los reflejos del Sena. Y para que la única sorpresa sea la que la ciudad susurra en sus calles, recuerda que contar con un seguro de viaje a París es la mejor respuesta. Porque cada viaje tiene su historia, y París siempre estará allí, esperando que escribas la tuya.

Si eres de los que prefiere viajar en grupo, ¡tenemos un notición! Contratad vuestro seguro de viaje con hasta un 20% de descuesto sobre la prima:
10% de descuento con el código DES10
+ 5% para grupos de entre 4 y 9 viajeros
+ 5% adicional para grupos de 10 o más viajeros.

Artículos relacionados